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LETRA DE CANCION

Es curioso como la música puede cambiar nuestro estado de ánimo, hasta el punto de que puede llevarnos a un estado de melancolía, de tristeza, de alegría, e incluso hacernos llorar, o reír, porque nos remonte a un recuerdo triste , alegre o divertido.
Cuando mas muestra su fuerza es en los momentos mas emotivos, bien sea por un recuerdo perdido, o por una carencia de amor o de amistad que en su día navegaba al son de una letra y de una melodía.
También esto lo puede hacer la propia canción, aunque no la hayamos oído en la vida, y sin embargo por su fuerte emotividad, la entonación que ponga el o la interprete, o porque el encadenado de notas musicales nos lleve a un estado de nostalgia , alegría, añoranza o incluso de euforia.
Pero en lo que me quiero referir, es sobre todo en los estados de tristeza provocada por una determinada música en si.
Además, curiosamente parece que al oírla nos gusta , nos apetece estar en ese estado de embriaguez, y cuando se acaba, volvemos a ponerla una y otra vez, como si lo que quisiéramos fuera martirizarnos.
Es curioso que en muchas ocasiones se encadene el sentimiento amoroso con la tristeza, la emotividad, el temor, la nostalgia y el desasosiego, o la confusión cuando debería de ser alegría, esperanza, confianza, recuerdo e ilusión.
Estos sentimientos afloran con mucha facilidad a través de la música, y mucho más si se dan circunstancias que evidencian y justifican esos sentimientos que la música multiplica, y mas si es una melodía que ha acompañado en esa relación de amor, o de amistad, o de las dos cosas.
Eso creo que le sucede a todo el mundo, pero con mas frecuencia a quien escucha la música profundamente, no solo como un acompañamiento, como el que pone la televisión sin verla, solo por tener un ruido de fondo que le haga confundir su realidad y su soledad, sino escuchándola, oyéndola, interpretándola y leyéndola.
Y por supuesto ocurre con la poesía.
Hay veces que un poema nos parece escrito expresamente para nosotros, al igual que una canción y que refleja fielmente nuestros sentimientos, lo cual nos hace preguntarnos como es posible que el autor conozca tan bien nuestros sentimientos, cuando ni siquiera nos conoce.
Hay un poema de José Ángel Buesa, que bien a las claras puede suponer para algunos de vosotros una situación de recuerdo de una oportunidad perdida. Algo que nos hubiera gustado y que no pudo ser.

Qué lástima muchacha,
que no te pueda amar.
Yo soy un árbol seco que sólo espera el hacha,
y tú un arroyo alegre que sueña con el mar.

Yo eché mi red al río…
Se me rompió la red…
No unas tu vaso lleno con mi vaso vacío,
pues si bebo en tu vaso voy a sentir más sed.

Se besa por el beso,
por amar el amor…
Ese es tu amor de ahora, pero el amor no es eso,
pues sólo nace el fruto cuando muere la flor.

Amar es tan sencillo,
tan sin saber por qué…
Pero así como pierde la moneda su brillo,
el alma, poco a poco, va perdiendo su fe.

¡Qué lástima muchacha,
que no te pueda amar!
Hay velas que se rompen a la primera racha,
¡y hay tantas velas rotas en el fondo del mar!

Pero aunque toda herida
deja una cicatriz,
no importa la hoja seca de una rama florida,
si el dolor de esa hoja no llega a la raíz.

La vida, llama o nieve,
es un molino que
va moliendo en sus aspas el viento que lo mueve,
triturando el recuerdo de lo que ya se fue…

Ya lo mío fue mío,
y ahora voy al azar…
Si una rosa es más bella mojada de rocío,
el golpe de la lluvia la puede deshojar…

Tuve un amor cobarde.
Lo tuve y lo perdí…
Para tu amor temprano ya es demasiado tarde,
porque en mi alma anochece lo que amanece en ti.

El viento hincha la vela, pero la deshilacha,
y el agua de los ríos se hace amarga en el mar…
¡Qué lástima muchacha,
que no te pueda amar!
Y si todo esto lo leemos acompañado de una música con una voz dulce que nos recuerde a la persona con quien no hemos podido compartir todo lo que quisiéramos, te lleva a ese estado de embriaguez del que parece no te vas a recuperar nunca.
Te vienen al recuerdo imágenes, situaciones, momentos…, que no logras encasillar en el tiempo, porque no hay porqué. Quizás es algo que ha ocurrido en un minuto, en un día o es lo que has estado esperando toda la vida.
Esto también hace que florezcan sentimientos ,mas allá de la pasión y mas allá de la razón e n el que surge por ejemplo la envidia. La envidia al aire , al sol, al rocío, a la noche …, por poder rozar, escuchar, sentir, notar, a quien tu no puedes.
Pero quizás la única culpable de esto sea la soledad.